La visión del CIO
Robert Ostrowski, CFA
¿Cuál es su perspectiva para 2026?
Los mercados de renta fija inician el nuevo año con un excedente de preguntas sin respuesta a pesar de que se respondieron algunas a lo largo de 2025. Hace un año, esperábamos una repetición del entorno posterior a las elecciones de 2016, con una combinación de una Reserva Federal (Fed) con una postura moderada a corto plazo y la incertidumbre sobre el éxito a largo plazo de las políticas de la nueva administración, lo que resultó en un mayor empinamiento de la curva de rendimiento estadounidense. Esto tardó más de lo previsto en evolucionar.
Desafiando las expectativas del mercado y la creciente presión política, la Fed hizo una pausa de nueve meses antes de reanudar finalmente los recortes de tasas de interés un año después del inicio del ciclo. Gradualmente, la incertidumbre generada por los aranceles y la consiguiente volatilidad dieron paso al consenso de los inversores de que el doble mandato de la Fed será manejable en el futuro, que los recortes de tasas continuarán hacia una tasa de fondos federales más baja y que una Fed y un presidente más moderado asumirán el cargo en 2026.
Ojalá fuera así de simple, pero prevemos que no lo será: aún quedan muchas preguntas sin respuesta. La inflación no se ha disparado de forma tan rápida y drástica como se esperaba debido a los aranceles, pero tampoco ha avanzado de forma convincente hacia el objetivo del 2% de la Fed, manteniéndose elevada y susceptible al impacto de los aranceles (a la espera de la acción del Tribunal Supremo de EE. UU.). El mercado de empleo se está moderando, pero debido a los aumentos significativos en la inversión, el PIB sólido y la economía no muestra nada cercano a lo que normalmente requeriría los recortes de tasas que actualmente «exige» la administración. Una opinión contraria que está ganando fuerza actualmente es que la Fed no necesita recortar en absoluto, ya que la economía, a nivel macroeconómico, no necesita estímulos y persisten los riesgos de una inflación elevada. El prolongado aumento de la pendiente alcista (los tipos a corto plazo caen más que las tipos a largo plazo) es evidencia de este punto de vista conflictivo en los mercados.
A esto se suma un entorno político estadounidense más incierto. Las recientes elecciones fuera de ciclo, dominadas por los demócratas en las pocas contiendas clave que atrajeron la atención nacional, sugieren que las elecciones intermedias de 2026 podrían alterar la actual trayectoria política del gobierno, que el mercado actualmente descarta. Los años de elecciones de medio manato en EE. UU. han sido sistemáticamente menos positivos para los activos de riesgo, lo que genera otro riesgo a considerar para los ya ajustados diferenciales de crédito. Nuestra expectativa es que el mercado pueda desvanecer el excepcionalismo estadounidense y centrarse en un enfoque de reglobalización , pero excluyendo a EE. UU., es decir, con la mirada puesta en los bonos y divisas de los mercados emergentes.
En 2026, el reto será no caer en la complacencia de pensar que hay una nueva normalidad donde las alteraciones de política, como los aranceles y el exceso de optimismo sobre la inteligencia artificial, se asimilan sin dificultad.. Si bien los riesgos de recesión en EE. UU. parecen estar a raya, el lento crecimiento de la economía puede cambiar de rumbo fácilmente. El aumento del desempleo y la inflación vertiginosa, también conocida como estanflación, seguirán presentes durante el próximo año. Los eventos crediticios y los despidos también son noticia, mientras que la información sobre datos económicos críticos ha sido limitada. Gestionar la curva de rendimiento y la exposición a la duración, así como encontrar valor en una gama de activos con precios de referencia, seguirán siendo prioridades indispensables.
Mitch Reznick, CFA
¿Cuál su visión a la contra para 2026?
El estado actual de las finanzas sostenibles se asemeja a un test de Rorschach. Dependiendo de con quién hables, está moribundo o en pleno auge. Nosotros tenemos nuestra propia interpretación de esa mancha de tinta que representan las finanzas sostenibles.
Más allá de los titulares dramáticos que pronostican la lenta muerte de esta clase de activo, existen varios factores que muestran que es una parte evolutiva e imborrable de los mercados de capitales. Empezando por el mercado de bonos labelled, los etiquetados específicamente como sostenibles, las cifras sugieren que la emisión primaria en los mercados de bonos sostenibles para 2025 va camino de alcanzar los 1,2 billones de dólares, lo que representa un pequeño aumento respecto a 2024. Lo que hace que esta cifra sea tan notable es que el número de bonos corporativos etiquetados emitidos en EE. UU. ha caído casi un 40%. Sin embargo, ha habido un impresionante aumento en los bonos titulizados con etiqueta social emitidos desde EE. UU. en los últimos años, tendencia que continuó bien entrado 2025.
El estado de Texas resulta ser uno de los —si no el— estados líderes en EE. UU. en inversión y adopción de energías renovables. En 2024, las fuentes renovables en Texas generaron más de 166 GWh de energía, por encima incluso de California [1]. Esta tendencia podría continuar tras el fracaso de varios proyectos de ley contra las energías renovables que no lograron convertirse en ley este año. California, junto con Texas y un puñado de estados del sur, siguen encabezando las listas cuando se trata de invertir en energías renovables [2].
Desde una perspectiva regulatoria, EE. UU. está reduciendo los requisitos de divulgación en sostenibilidad y Europa parece estar perdiendo el momentum. Mientras tanto, el resto del mundo avanza. En Asia, India, Reino Unido y Australia, el enfoque está en incluir actividades de “transición” en las divulgaciones y taxonomías. Esta inclusión es muy sensata. Si la economía global va a pivotar hacia un modelo que genere valor económico de manera sostenible, es imprescindible que la transición sea exitosa.
¿Cuál será el mayor catalizador para nuevas emisiones en 2026?
Las fuentes previstas de generación de energía —que requieren nuevo capital— son un buen indicador de hacia dónde nos dirigimos en materia de finanzas sostenibles. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) prevé aumentos rápidos y pronunciados en las energías renovables, que deberían, según la AIE, desplazar parcialmente al carbón [3]. Hay indicios de que estamos en un punto de inflexión positivo en cuanto a la adopción de energías renovables, ya que la capacidad renovable instalada superó por primera vez a la del carbón en 2025 [4]. Esta transición hacia las renovables está siendo impulsada por la rápida adopción de la energía solar y eólica. En 2024, según Bloomberg, más del 70% de la nueva capacidad energética instalada en el mundo fue solar. Se espera que la energía procedente del carbón y de combustibles fósiles siga creciendo, pero a un ritmo más lento que el de las renovables.
También se está produciendo un cambio estructural en la financiación del desarrollo. Será cada vez más difícil para las instituciones multilaterales de desarrollo mantener los niveles actuales de actividad en financiación relacionados con agua potable, energías renovables y resultados sociales positivos. Los accionistas de estos bancos están retirando su apoyo financiero por razones políticas o fiscales. Boston Consulting Group sugiere que esta retirada de financiación del desarrollo en mercados emergentes podría ascender a 70.000 millones de dólares. Uno de los mensajes clave de la conferencia climática COP 30 fue la necesidad de ampliar y movilizar los mercados de capitales, dadas estas transformaciones estructurales. Las soluciones de crédito alternativas pueden adaptarse para satisfacer las necesidades de la financiación del desarrollo y ofrecer rendimientos sólidos.
Las fuerzas que impulsan las finanzas sostenibles están cambiando. Un mercado financiero que ha crecido rápidamente está encontrando su zona de confort mientras acelera hacia una nueva fase de crecimiento. Puede que no se parezca al pasado, pero las finanzas sostenibles estarán presentes en el futuro.
1 Bloomberg: BNEF
4 https://www.iea.org/data-and-statistics/charts/world-electricity-generation-in-the-stated-policies-scenario-2010-2035, Licence: CC BY 4.0
5 Bloomberg: BNEF
Nachu Chockalingam, CFA
¿Ha terminado realmente la era de los tipos de interés bajos?
Los bancos centrales han logrado avances demostrables en la lucha contra la inflación global. A partir de aquí, observamos una fluctuación en los tipos de interés oficiales. Aunque la inflación es menor, en general se mantiene ligeramente por encima de los niveles prepandemia, sobre todo en las economías desarrolladas. Creemos que la Reserva Federal y el Banco de Inglaterra seguirán recortando los tipos, pero el rumbo del Banco Central Europeo (BCE), que comenzó a relajar su política monetaria antes, es menos claro. La inflación en la eurozona se acerca al objetivo del 2% del BCE, pero las perspectivas siguen siendo inciertas debido a las disputas comerciales globales y las tensiones geopolíticas.
Persisten los riesgos a corto plazo para las perspectivas de tipos, pero creemos que la situación tendría que empeorar para que el BCE vuelva a recortar los tipos en 2026. Algunos de estos riesgos a la baja incluyen: cualquier impacto adverso tardío derivado de los aranceles estadounidenses, un euro más fuerte, el impacto de las importaciones chinas o un retraso en el estímulo fiscal alemán. La inestabilidad política en Francia, en medio de un empeoramiento del entorno fiscal, presenta otro riesgo potencial.
Los rendimientos generales actuales del crédito global siguen siendo más altos que durante gran parte de la última década, y nuestro análisis nos indica que pueden ser un buen predictor de las rentabilidades futuras. Un mayor rendimiento también puede proporcionar un mayor margen de seguridad ante el riesgo de rentabilidades negativas si el mercado sufriera una caída significativa.
¿Continuará la desglobalización o estamos asistiendo a una reglobalización?
Desde hace tiempo se evidencian indicios de una desaceleración de la desglobalización. La proporción de importaciones y exportaciones como porcentaje del PIB mundial se ha estancado desde la crisis financiera mundial de 2008, lo que puede indicar una transición hacia la regionalización. La pandemia también puso de manifiesto graves deficiencias en las cadenas de suministro globales. Los bloques comerciales regionales se están volviendo más competitivos, como hemos visto con la imposición de aranceles, las políticas destinadas a proteger sectores estratégicos y la creciente competitividad en áreas como las capacidades de inteligencia artificial (IA).
Para los inversores, esta reestructuración de las alianzas globales genera riesgos. Sin embargo, existen oportunidades para las empresas más alineadas con las prioridades políticas nacionales y para aquellas expuestas a tendencias emergentes como la seguridad energética, la reconfiguración de la cadena de suministro y la independencia digital.
En Europa, hemos escuchado el término » slowbalization » (equilibrar la balanza de pagos) a medida que la región reevalúa sus alianzas comerciales clave y se centra en fortalecer sus industrias estratégicas. Al mismo tiempo, la región se encuentra en un calvario de gran inestabilidad geopolítica. Esto incluye la guerra entre Rusia y Ucrania, políticas proteccionistas como el arancel del 15% sobre la mayoría de las exportaciones estadounidenses de Europa y una afluencia de importaciones chinas. A pesar de esto, el crédito europeo aún cotiza con una prima sobre el crédito estadounidense; a menudo es de mayor calidad, lo que implica un menor riesgo de impago. El crédito de alto rendimiento europeo, por ejemplo, tiene una calificación BB del 70%, mucho más alta que su contraparte estadounidense, y aún ofrece rendimientos más altos (cuando se cubre con dólares).
¿Los aranceles han reconfigurado los flujos globales de inversión o los han modificado temporalmente?
Los aranceles tienen consecuencias de gran alcance dada la interconexión de las cadenas de suministro globales. Los países más expuestos al mercado estadounidense, ya sea por su dependencia de las ventas, la sensibilidad de los mercados financieros o la dependencia de las exportaciones, han experimentado las mayores disrupciones. Esto ha animado a los inversores a buscar activos defensivos y a aumentar la diversificación.
En el ámbito crediticio, por ejemplo, los bonos corporativos europeos se han beneficiado de una mayor demanda por parte de inversores estadounidenses, en particular de deuda denominada en dólares estadounidenses de empresas no estadounidenses. La negociación de las diferencias de diferencial entre divisas ha sido una fuente de alfa. La recompra de bonos dentro de la estructura de capital de un mismo emisor ha sido a menudo muy lucrativa.
Algunas correlaciones entre clases de activos también han generado confusión. La correlación negativa entre acciones y bonos, por ejemplo, se ha desvanecido recientemente. Dicho esto, si bien los cambios en los flujos comerciales han generado cierta volatilidad a corto plazo, también creemos que ha habido oportunidades. Estamos analizando con mayor detenimiento las empresas alineadas con las prioridades políticas nacionales y aquellas expuestas a tendencias como la seguridad energética, la reconfiguración de la cadena de suministro y la independencia digital. La capacidad de adaptación sigue siendo clave para gestionar la incertidumbre y proteger la rentabilidad a largo plazo.
Mohammed Elmi, CFA
¿Los aranceles han modificado los flujos de inversión mundiales o los han desplazado temporalmente?
Sin duda, los aranceles tendrán un efecto a largo plazo sobre los flujos mundiales de capital y comercio en los mercados emergentes (ME). Antes de la adhesión de China a la Organización Mundial del Comercio en 2001, estos mercados se consideraban únicamente una fuente de materias primas. Sin embargo, desde entonces, han ascendido en la cadena de valor mundial. A medida que han liberalizado sus economías, los flujos de inversión extranjera directa (IED) se han acelerado. Sudáfrica, por ejemplo, cuenta ahora con una capacidad de fabricación de motores de alto valor, y la industria de defensa de Turquía se ha expandido rápidamente hasta convertirse en uno de los principales exportadores mundiales de armas. Por lo tanto, aunque la incertidumbre arancelaria y el retroceso de la globalización podrían obstaculizar la inversión de los mercados desarrollados en los emergentes, seguimos esperando un crecimiento del comercio y los flujos de capital entre ellos, lo que debería compensar cualquier descenso.
¿Continuará la desglobalización o estamos asistiendo a una re-globalización?
No creo en el fin de la globalización, pero sí veo una reorientación de los mercados desarrollados hacia los emergentes. Todavía nos encontramos en las primeras fases del comercio «de Sur aSur»1, y mi expectativa es que aumenten los flujos de inversión, los vínculos comerciales y la coordinación de políticas. Asia ya está a la vanguardia en este sentido, con un comercio interregional que ahora está a la par con el comercio de la región con Europa. El aumento de los préstamos en renminbi contribuirá a facilitar estos vínculos, al igual que las conversaciones sobre un nuevo sistema de pagos y, potencialmente, una moneda para todos los países BRIC con el fin de eludir a Estados Unidos y al dólar estadounidense.
¿Ha terminado el ciclo de los tipos de interés bajos?
En una palabra, sí. En el mundo post-COVID, donde la resiliencia y la relocalización (re-shoring) son factores dominantes, la tasa neutral general es más alta. Si la inflación se mantiene estable, los inversores en renta fija se beneficiarán de mayores rendimientos globales, y la deuda de los mercados emergentes ofrece algunos de los rendimientos más altos del universo de la renta fija.
¿Siguen siendo los bancos centrales la fuerza más poderosa del mercado?
Sí. La actividad del banco central estadounidense puede seguir afectando a los mercados emergentes, pero su influencia debería disminuir en favor de factores más idiosincráticos, como la deuda y los balances públicos de la región. Sobre esa base, los países emergentes salen bien parados en comparación con sus homólogos de los mercados desarrollados, con una baja carga de deuda, un mayor crecimiento y una situación positiva de la balanza por cuenta corriente.
Jason DeVito, CFA, gestor sénior de carteras
¿Cuál es su opinión contraria al consenso del mercado de cara al 2026?
El exceso de oferta en productos manufacturados esenciales de bajo a medio valor añadido continuará hasta 2026. A pesar de los rumores sobre la reducción del suministro procedente de China, creo que, por un lado, estas medidas tardarán algún tiempo en surtir efecto; y, por el otro, que seguirán existiendo desequilibrios en áreas clave como el acero y los productos petroquímicos.
¿Cuál es la opinión mayoritaria actual con la que está totalmente en desacuerdo?
Existe preocupación por el problema del gasto público en Indonesia. Creo que el gasto fiscal aumentará, pero de forma selectiva y favorable al crecimiento. Esto recontextualizará las preocupaciones actuales, cambiando la percepción de que el gasto está siendo excesivo por una visión positiva del mismo como estímulo fiscal productivo y favorable al crecimiento.
Further themes that will matter next year:







